cartas

Thursday, January 27, 2005

Nada

Me atreví a cruzar la ciudad prohibida, asomando mis inquietas preguntas por aquel sendero sin futuro. Las olas de su indiferencia castigaban mi puerto donde jamás quiso anclar su cariño de nuevo. Y la nieve me cubría despacio y en su calma, dibujando en cada copo las arrugas de una injusta espera, morían mis sentimientos. Y llegó el momento en el que ya no pude deslizarme, ni buscar con la mirada, ni intuir sus pasos, ni soñar. La luz era su sombra, que yo seguía buscando en cada grieta o resquicio, cada vez más lejana. De aquella historia sagrada en su tiempo, los escombros de mi sonrisa mutilaron en vida mis frases, ahogadas bajo oscuras tintas y despojos de lo que un día fue y ya no.
Hoy escribo a ciegas entre caricias de luna llena y, antes de cerrar los ojos y escapar al mundo de mis sueños, quisiera que estos trazos tuvieran un sentido; pero nunca podrá ser igual que antes. Mi tristeza prendió raíces en la penumbra de la soledad, donde la trémula paz hallada es tan fría y cortante como la única compañía que me queda; el olvido. El cielo me cobija con óvalos de lamento, pero se que detrás de esas estrellas, alguien me sonríe y me cuida, me guía y me quiere, me ilumina. Aquel lucero enmudecido que rompe la templanza del empíreo azul, intenta señalarme los vacíos donde no he de volver a caer. Quise alzar una muralla para que mi corazón no viese más allá, para engañarle; pero no lo consigo.
El amor, en su grandeza, me atravesó con su lanza y perdí. Me quedaron muchas cosas encadenadas al alma; latigazos de recuerdos incapaces de acabar. Amar a alguien sin condiciones es un regalo, una respuesta, una plegaria concedida; es quedarse a su lado, devolver una mirada, contemplar cómo muere la apatía. Es coger una mano, confiar una caricia, es el rizo del aire en su ser. Es sentirse vivo, asombrarse ante en espejo del presente y lanzarse a los abismos dando la espalda al miedo. Querer y ser querido, qué difícil paso es ese.
Dicen que lo complicado se hace y lo imposible se intenta. Pero he perdido mi rumbo, no se dónde estoy ni qué camino elegir. Me duele la existencia, me siento arrojado al fuego, sepultado en el abandono; aislado en la desidia, apartado y vacío. Todo o nada, esa es la diferencia. Me quedé con lo segundo y ella cerró la puerta al salir. Tiró la llave y se fue. Y ahora, el hilo que me aferra a la vida, se desmenuza por ese amor que el destino quiso un día cerrar por siempre.
¿Acaso tengo lo que merezco?, es posible que sí. Pero si hay algo verdadero en esta historia es que, por muchos años que puedan pasar, la seguiré queriendo como el primer día.

1 Comments:

At January 28, 2005 10:52 AM, Blogger Cati said...

"El amor, en su grandeza, me atravesó con su lanza y perdí".
Q sepas q no siempre es asi ,a veces se gana.
un beso muy fuerte.

 

Post a Comment

<< Home