cartas

Sunday, January 30, 2005

Mi querida y repulsiva Hacienda

Señoras y señores, quiero hacer un alto en el camino, pues las líneas que pincelo a continuación no son románticas, ni llevan amor impreso de ninguna clase. Hoy me salgo de la tónica habitual para plasmar en esta hoja virtual algo que me perjudica tanto como al resto. Por eso deseo pedir mil perdones por anticipado, ya que es posible advertir expresiones que no sean del gusto de algunos. Gracias.


De todas la cosas que más me agobian en la vida, es la se saber que el tiempo pasa y el reloj, que es muy puñetero, se encarga de marcar la fatídica hora del desembolso más injusto y putrefacto. Es decir: Que si bien yo vivo tranquilo, con una conciencia mediana para los tiempos que corren, no me gusta, es más, detesto la hora, el momento, el instante corroído por las alimañas al servicio del “cabroneo”; un manojo de serpientes de lengua afilada que usan con descaro a la hora de revolver los papeles que hablan de tus cuentas, de tus pobres ahorros empapados de sudor y sangre, indagando desmesuradamente como ratas en la basura hasta encontrar, satisfechas, los trofeos con los que come el ministro y su putísima madre.
Que sí, que la ciudad ha de renovarse, que las obras públicas son necesarias, que todos hemos de contribuír sin fomentar el fraude…muy cierto todo. Pero aplaudo por esos huevos de kilo a todos los que escaquean lo que pueden y más, lejos de las babeantes pezuñas de tan repulsivos engendros del averno que, haciendo honor a su vomitivo nombre, se reproducen como la sarna virulenta.
Yo me pago mis caprichos, me costeo mis necesidades, me rasco los bolsillos cada vez que quiero algo y por eso, el mal común de todos los españoles permanece planeando en el aire sin arreglo, como la mierda que flota en el agua; la misma oscura guarrería que nos intentamos quitar de encima, cuando nos toca de lleno nuestra querida Hacienda: La eterna jodienda.
Por eso se me ocurre algo, que sin ser una idea descabellada ( aunque lo parezca ) y un poco laboriosa, daría un agradable y vistoso resultado. Cada año, cuando el horrible suplicio emerja de sus despojos, anunciando su recolecta con esa velocidad característica, uno de cada cien españoles elegidos al azar, colará su más inocente mano en una enorme urna acristalada, de la que extraerá con mucho cuidado y tino el nombre de cien “hacendosos inspectores”, colaboradores imperecederos de tan cenagosa causa, para ser cariñosamente tratados por vía rectal, por las dulces y calientes herramientas de algunos contribuyentes. Así y de esta manera, España seguirá siendo robada, como de costumbre, sin juicio ni jurado; pero al menos nos resarciremos con gran júbilo y disfrute, mientras esa chusma llamada Hacienda, contribuye arrimando el culo.
Porque si Hacienda nos jode, nosotros no hemos de ser menos.

1 Comments:

At February 1, 2005 2:31 AM, Blogger Cati said...

jajajajajaja,como me gusta este post,yo tampoco me llevo bien con ellos ,es mas en una ocasion al jefe de recaudacion le puse las pilas.
un besote fuerte.

 

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