Carta al corazón
Anoche me arrimé al borde de los deseos. Mire hacia abajo y un abismo me separaba del infinito mar. A mi lado, la tristeza, mi compañera y confidente, me dijo que mirase el cielo; y así lo hice. Y comencé a dar a cada estrella una razón por la que te echo de menos. Y me faltaron estrellas.
Anoche pedí a un ángel que fuese a protegerte mientras dormías. Al rato volvió y, en mi asombro, le pregunté por qué había regresado. Y me respondió que un ángel no necesita que otro ángel le proteja. Y qué razón tenía.
Así que la tristeza prendió mi mano y rasgándome con su mirada, me susurró; me dijo que no hay nada imposible, porque los sueños de ayer son las esperanzas de hoy y, pueden convertirse en realidad mañana.
Tardé una eternidad en conocerte y solo unas horas en arrodillar mi alma ante ti. Pero me llevará toda una vida lograr olvidarte. ¿Sabes?...Si pudiese ser una parte de ti, querría elegir ser tus lágrimas. Porque son concebidas en tu corazón, nacen en tus ojos, viven en tus mejillas y se mueren en tus labios. Ahora se que no cambiaría un minuto de estar contigo por cien años de vida sin saber de ti.
Un día conocí la magia. Era inmensa, indescriptible, asombrosa. Se podía sentir hasta erizar el tiempo. Mi reloj de arena se detuvo y en un desierto de preguntas naufragué . Poco después me prometí a mí mismo que algún día alcanzaría la suerte, el regalo de tener esa magia delante de mí. Presenciar el eco de la belleza, el reflejo de mis atónitos ojos en los suyos, brindando con la musa que siempre quise tener. Y ese día llegó; tan solo tuve que mirar el rastro de la luz que desprendía su sombra. En mitad de una noche de frío desapacible, algo me deslumbró. Eras tú, erguida en tu figura estilizada, resplandeciente y serena.
Me acerqué con lentitud, midiendo mis pasos, observando y comprendiendo que si ante mí tenía el significado de la belleza, jamás en toda mi vida había tenido la suerte de verla tan de cerca. Quise conservar aquel instante y deseé por un momento que muriese el tiempo, que todo se detuviera. Comprendí que mis sueños tenían un sentido cuando tú apareciste. Y no hubo frío, ni soledad, ni miedo. Solo tú, bajo la calma de la luna y los colores grises de Madrid, que a tu paso, se volvían llamas en la oscuridad.
Como ese faro que alumbra la costa, incansable, alzando su ojo por encima de cada ola, me tendiste una red para llegar a ti. Y al hacerlo, fui feliz.
Si el cielo me permite otorgar sinceridad, le rogaría que algún día pudiera volver a verte. Las palabras se diluyen, los sonidos se desvanecen y, esta noche volveré a soñar contigo. Permíteme que lo haga, no te enojes por ello si así soy feliz. Cerraré los ojos y allí estarás tú, preciosa y perfecta, surcando mi mundo de fantasía donde solo tú puedes entrar.
Dicen que cuando alguien sueña con un deseo fuertemente, es capaz de hacerlo realidad. Intentaré volar hasta posarme a tu lado y allí, te arroparé. Te daré un beso de buenas noches y con una caricia volveré a mi mundo, para soñarte de nuevo al morir el día. Esta noche le pediré a la luna, una vez más, que no me olvides.

1 Comments:
(Esta noche le pediré a la luna, una vez más, que no me olvides).
concedido....no creo q se olvide dealguien como tu.
un beso y ...es genial lo q escribes ,me encanta.
continua por favor.
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